La Nueva España – La imprescindible reconversión sindical que Asturias tiene pendiente

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La imprescindible reconversión sindical que Asturias tiene pendiente

28.12.2014 | 05:50

Asturias precisa un nuevo capitalismo en términos cuantitativos: más personas dispuestas a arriesgar su patrimonio para ganar dinero y al mismo tiempo generar bienestar y empleo en el territorio. Pero también necesita un nuevo capitalismo en términos cualitativos: más empresarios comprometidos con la ética y las buenas prácticas a la hora de hacer negocios.

En una región con algo más de 98.000 desempleados está claro qué es lo prioritario. Ahora bien, la ejemplaridad que la sociedad demanda para la vida política, harta de tantos escándalos de corruptos y ladrones, es igualmente exigible para la actividad económica. El camino de la recuperación se andará con empresarios honrados, nunca con profesionales del embuste, el chantaje o la subvención.

Toda compañía es dueña de hacer lo que considere oportuno con sus bienes, siempre que observe la legalidad vigente. Se agradece, sin embargo, que no trate de confundir a sus trabajadores ni de buscar excusas para justificar sus decisiones descargando la responsabilidad en otros. Sobre esto último hay varios ejemplos recientes.

Los asturianos no entendieron el drástico ajuste de plantilla que la Fábrica de Armas acometió justo después del cierre de La Vega y el traslado a Trubia, presentados precisamente como la única alternativa para salvar los empleos. Tampoco parecía lógico que Tenneco quisiera clausurar en Gijón una planta rentable que produce además para un sector, el del automóvil, en clara mejoría. Y aunque Alcoa tiene sobradas razones para pedir un marco que dé estabilidad a las empresas “energívoras” como ella, su amenaza de echar el cerrojo en Avilés y La Coruña, afortunadamente retirada, al menos por el momento, sonó más a pulso con el Gobierno de la nación para seguir recibiendo copiosas ayudas que a otra cosa.

Asturias precisa nuevos empresarios para salir de la recesión y evitar en el futuro la tentación de reincidir en los comportamientos que condujeron a ella, pero también necesita un nuevo sindicalismo que rompa definitivamente con los moldes del pasado. La región adolece de falta de vocación empresarial, y puesto que no hay razones genéticas que la expliquen seguramente haya que buscarlas, entre otros factores, en el predominio durante décadas de la gran empresa pública y en la contestación social derivada de la fuerte implantación del movimiento obrero.

Cambiar la mentalidad lleva tiempo pero resulta inaplazable. Los trabajadores demandan sindicatos modernos, capaces de defender eficazmente los intereses de los asalariados en un mundo que se mueve a gran velocidad. No se trata de aparcar la reivindicación ni mucho menos de claudicar ante los abusos, sino de estar también dispuestos a colaborar de manera constructiva con las empresas para impulsar cambios que puedan traducirse en mejoras para las plantillas. En eso consiste la innovación desde el punto de vista laboral. Así se está haciendo en los países más avanzados de Europa, y así tiene que acabar haciéndose cuanto antes en España y en Asturias.

La región ha vivido enfeudada en un sindicalismo extralimitado que ponía y quitaba presidentes autonómicos confundiendo la acción sindical con la política y protegiendo ante todo, como se ha empezado a ver con claridad hace bien poco, intereses personales y de la camarilla de lugartenientes y cómplices. Hay que acabar con la emponzoñada herencia de líderes populistas que han llevado a la región al borde del abismo.

El sindicalismo de choque, el que protege a sus fieles aunque supongan por su incompetencia una carga para los demás compañeros, no ayuda precisamente a combatir el paro ni a salvaguardar las conquistas sociales. Sólo las empresas competitivas y flexibles para adaptarse a mercados tan cambiantes como los actuales pueden crear puestos de trabajo y proporcionar una mayor la calidad de vida a sus empleados.

La defensa del amenazado Estado del bienestar requiere un sindicalismo firme pero con estrategias radicalmente distintas. Los integrantes de un piquete de Arcelor acaban de ser condenados a penas de hasta cinco años de cárcel por hostigar “de forma violenta” a un trabajador que había decidido no secundar un paro. El juez entendió como es lógico que el derecho a la huelga no incluye el abuso de ejercer coacciones sobre quien elige trabajar y dictó una sentencia que es la mayor impuesta hasta la fecha por un conflicto laboral en España. Más allá del debate sobre la proporción de la pena, la reacción del sindicalista Eduardo Donaire, al manifestar que “es muy difícil ser cortés y educado cuando hay que pedir por favor a alguien que no acuda a su puesto de trabajo para secundar una huelga general”, constituye la peor propaganda que puede hacerse de Asturias.”

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"Asociación 55 despedidos - Fábrica de Trubia" Trabajadores despedidos de la filial española de General Dynamics European Land Systems
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