El Comercio – «Todos los edificios de La Vega son susceptibles de ser rehabilitados»

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“«Todos los edificios de La Vega son susceptibles de ser rehabilitados»

Panorámica aérea de la sección al oeste de la fábrica de armas de La Vega, con el castillete de acceso principal en primer término. / ÁLEX PIÑA

Andrés Martínez Vega, autor de un informe histórico sobre la factoría, defiende su conservación y llama a la «actuación inmediata»

D. LUMBRERAS OVIEDO. 

Mientras el Ministerio de Defensa y el Ayuntamiento negocian el futuro de la fábrica de La Vega, cerrada desde 2012, sus doce hectáreas siguen deteriorándose. Poco después del primer encuentro entre administraciones, el Consistorio encargó un informe de carácter histórico al medievalista Andrés Martínez Vega. Para él, está claro que «hasta el momento está en mal estado de atención, pero es una edificación muy sólida y deja ver su función. Todos los edificios son susceptibles de ser rehabilitados».

El también subdirector del Ridea (Real Instituto de Estudios Asturianos) centra su atención en la capilla de Santa Bárbara y, al lado, la nave conformada sobre el antiguo claustro del convento de Santa María de La Vega, las únicas partes que conservan algo de arquitectura románica tras los siglos. «La zona de la capilla está en muy malas condiciones. No se puede rodear por las zarzas y la humedad que hay dentro es impresionante. La madera de la techumbre acabará con carcoma», censura. La parte baja del claustro presenta «gran deterioro y abandono», y no le extraña que hayan caído cascotes en tiempos recientes.

Considera el especialista que las naces industriales están «mejor» que el conjunto histórico, que su situación «no es buena, pero no es que esté en ruinas». «La escuela de aprendices está muy deteriorada, pero no se ve deterioro en la madera», apunta. «Las estructuras son buenas, pero no sabemos hasta cuándo» aguantarán, porque «el deterioro es de día en día, esta situación no puede mantenerse. La actuación debe ser inminente». Además, recuerda que, según la Ley de Patrimonio, el propietario del bien debe mantenerlo, pero en Defensa solo «están presentes para abrir y cerrar», con lo que «es un mal ejemplo para el resto de los ciudadanos».

Martínez Vega tiene clara cuál debe ser la hoja de ruta: «El primer paso es que el Ayuntamiento tenga capacidad para actuar». Luego, se debe poner la parcela «en el contexto histórico de la ciudad, hacer visible por qué nace esto, que era un monasterio benedictino». Más tarde se podrá «ver el uso que van a tener» los terrenos. A su juicio, para eso se «necesita la opinión de muchos expertos». Él cree que en la parte histórica, la utilización debe ser respetuosa con lo que ha sido, «como un equipamiento cultural». Casos aceptables sería emplear el claustro para proyectar películas o realizar visitas guiadas a la capilla, como ya ha ocurrido.

Eso sí, el historiador precisa que «no se debe hacer nada sin antes realizar las catas precisas»; porque todo el terreno es una «zona de sensibilidad arqueológica interesantísima, nos separa una calle del complejo de Santullano». «Sabemos por las últimas investigaciones», explica, «que la iglesia no estaba exenta (aislada de otros edificios). El complejo palaciego de San Julián era más que una iglesia». Por eso pide que se excave, aunque es consciente de que «somos cuatro los que clamamos por este tipo de actuación» y que «la autovía de entrada a Oviedo pudo dañar muchísimo el complejo palaciego».

Con especial acento en la parte histórica y artística, explica así el valor del conjunto: «Es una fundación única en Asturias porque es de la orden de Fontevrault, que viene de Francia, para la gente pudiente. En España hay otra Santa María de la Vega en Esla (León), pero esa desapareció muy pronto».

No se sabe cómo era el primitivo monasterio, pero Martínez Vega cree que sería muy interesante para conocer «el plano» practicar «catas entorno al claustro y la capilla». También podrían aparecer, a lo largo y ancho de la parcela, «restos constructivos».

El monasterio fue fundado en 1153 por doña Gontrodo sobre unos terrenos propiedad de Alfonso VII, rey con el que había tenido una hija natural (doña Urraca) y que se los cedió. Estaba rodeado de murallas y seguía una regla ascética basada en la benedictina y tenía una comunidad mixta. En lo que hoy son los chalés de los ingenieros se situaba la corrada de las monjas, el hostal para los peregrinos y las viviendas de los trabajadores del convento.

La comunidad de monjas subsistió allí hasta 1856, cuando el Estado, con la connivencia del Ayuntamiento, las echó con la excusa de montar un hospital para el cólera, que era en realidad una fábrica de armas. Y así funcionó siglo y medio.

El futuro de la factoría de La Vega está en el aire desde hace años y depende de un acuerdo de Gobierno y Consistorio sobre sus respectivos derecho. El Estado ha tasado la propiedad en 32 millones de euros y la ley le obliga a no ceder gratis su patrimonio, después de precedentes como la ‘toma’ ciudadana de un cuartel Viriato en Zamora en 1990.

De momento, los técnicos municipales deben evaluar el estado de conservación de los edificios, tras recibir un exhaustivo inventario de los mismos por parte de Defensa, antes de que las autoridades continúen dialogando. Del informe, señala Martínez Vega, «nunca más supe, pero imagino que se puso sobre la mesa».”

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